Regalos y Santa

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La tradición de los regalos, adaptada a la cultura cristiana, está relacionada con la idea de que el nacimiento de Jesucristo es un regalo en sí mismo. Es una fiesta para pensar en el prójimo, para ser solidario, para auxiliar a los niños necesitados, y así estrechar lazos afectivos y familiares.
Esta costumbre tiene varias fuentes de inspiración; la fiesta saturnalia en la antigua Roma era una celebración de siete días de entretenimiento, comidas e intercambio de regalos en honor a Saturno, dios de la agricultura y la cosecha. Tenía lugar entre el 17 y el 23 de diciembre, con luz de velas, que simbolizaba el fin de la época más oscura del año y el retono de la luz. El cristianismo antiguo buscó sustituir esta festividad pagana.
En Italia, los niños esperaban los regalos del Hada Befana. En Cataluña y parte de Aragón el proveedor de regalos es un tronco mágico llamado Tió o Tió de Nadal que al ser golpeado expende regalos y dulces. En zonas de Galicia persiste el Apalpador; en algunos valles vascos y navarros era el carbonero Olentzero; en los valles de Vizcaya: Iratxoak.
Paulatinamente, la figura de Santa Claus (después de que las tradiciones de San Nicolás, Sinterklaas y Papá Noel se fundieran en ella) fue sustituyendo a muchos de estos personajes folklóricos como el principal dador de obsequios a los niños.